Síndrome de Desaparición de la Colmena – SDC

Síndrome de Desaparición de la Colmena – SDC

 

Este síndrome de desaparición de la colmena – SDC se conoce como de colapso de colonias (o Colony Collapse Disorder, CCD, por sus siglas en inglés). Un fenómeno de la década de los años 2000 por el que una cantidad considerable de abejas obreras de una colmena desaparecen sin motivo aparente.

 

Colador de miel sin uso

Este fue en realidad el motivo para que yo abandonase la apicultura, el síndrome de desaparición de la colmena. Este mediodía regresaba del Camping Valderredible en Polientes y venía buscando a un apicultor conocido para regalarle mi colador de miel. Es el único aparato que me queda en casa, dejando un lado la pequeña biblioteca de literatura apícola . Hace unos años, en el año 2017, por medio de la web Milanuncios vendí las demás máquinas de mi etapa de apicultor. Un madurador y un extractor. Los demás utensilios de mano los regalé.

Mi amigo me enseñó las alzas de las colmenas que acababa de traer de su apiario. Todos los cuadros vacíos de cría, polen o miel. 

Fue una visión que ya conocía y que me reveló la respuesta a mi ofrecimiento. “Te lo agradezco Manu, pero para qué quiero el colador si no hay miel qué colar?”

 

Pago en Especies

Por otro lado, todas las colmenas de mi apiario, unas 25 Colmenas Langstroth con 2, 3 o 4 cuerpos, estaban montadas según el sistema de Permapicultura ideado por Óscar Perone. Por otro lado, este sistema no me ha sido posible aplicarlo con éxito en el norte de España, donde imperan climas continentales. En estos climas fríos únicamente parece tener buenos resultados en los días más tórridos del verano, Julio y Agosto. En esos calurosos días la temperatura ambiental puede asemejarse a los climas de otras latitudes más cálidas. Durante estos meses las colmenas parece que rebosan de vida. Pero una vez finalizados los calurosos días de mielada, iniciado septiembre, esas mismas colmenas decrecen en su actividad y a causa de la poca población acaban muriendo.

 

Según mi modesto parecer, esta escasez de población que se acusa al final de la temporada lleva a las colmenas a su colapso. Posiblemente se deba a que cuando las abejas pecorean, por alguna razón aún desconocida, se desorientan y no saben regresar a su colmena. La causa la desconozco, pero no debe estar muy alejada de lo que ya expresan algunos apicultores, estudiosos o científicos. Es aventurado expresar una sentencia condenatoria, pero mi sensación es que hay demasiados productos transgénicos. Otros tantos fertilizantes. Otros tipos de cultivos no demasiado naturales. Y todo esto no pueden producir ningún efecto positivo en la naturaleza, sino todo lo  contrario.

SDC y Vespas Velutinas

Éstas mismas colmenas, referidas anteriormente, mi socio se las regaló a un apicultor que le ayudó a desmontar nuestro antiguo Colmenar. Eran los primeros años de la década y se empezaba a hacer patente la aparición de esa enfermedad CCD (siglas en inglés). Síndrome que arruina nuestros colmenares. Sería en aquél año, quizás antes, cuando lo sufrimos en nuestras colonias.

Desconocido aún hoy, dicho síndrome empezaba a asolar la apicultura del Real Valle de Valderredible. Este valle del Alto Ebro goza de un micro-clima protegido entre la cordillera Cantábrica por el norte y el Páramo de La Lora al sur. Éstas a su vez escoltan al río Ebro durante todo su curso, desde el Pantano del Ebro, en el Noroeste, hasta la salida del río por el Sureste en el límite con Burgos. Además de dar nombre a la península ibérica, el Ebro actúa como regulador de las extremas temperaturas, de verano e invierno, del clima Continental.  A causa del cambio climático, ni el clima Continental ni la cordillera Cantábrica son capaces de actuar como una barrera para insectos exóticos como la avispa velutina. Precisamente, estas últimas son el insecto exótico que últimamente prolifera por la rivera del río Ebro a su paso por Valderredible.

 

Recuerdos

Como decía, volvía al pueblo pensando en regalar el colador de miel a mi amigo apicultor. Hoy recordábamos aquellos años 80 y 90 en que las colmenas producían miel en grandes cantidades. Me comentó una anécdota de cuando yo le pedí unas alzas para usar en mi apiario ya que no tenía suficientes. Eran otros años y él las tenía todas ocupadas. Hoy me mostró en su garaje, almacén de todos sus aperos y utensilios para el trabajo apícola, la pila de alzas cubriendo toda la pared hasta el techo del enorme espacio.

El hombre regresaba de revisar sus apiarios, sudoroso y cansado. Mientras observaba la carga que traía en su remolque comprendí que el colador regresaría a su lugar de origen en mi garaje.

El colador de miel finalmente acabaría, como una reliquia, colgado de alguna pared de mi casa .

 

 

 

 

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