El siglo de las plagas sin fronteras

La globalización y el cambio climático aceleran la movilidad de las plagas por todo el planeta. Insectos procedentes de asia, américa y áfrica atacan el campo gallego


El clima más cálido ayuda a que las plagas crezcan.
FRANCISCO J. GIL 16/03/2018 19:25 H.

La polilla guatemalteca, el picudo rojo, la vespa velutina, el psilido africano de los cítricos, la avispilla del castaño, la pulguilla de la patata… son los invasores del agro gallego. Los hay que afectan a plantas ornamentales, otros a cultivos de importancia económica, y alguno, como es el caso de la avispa asiática han llegado a ponen en riesgo la seguridad de las personas ¿De dónde vienen? ¿Cómo han llegado hasta aquí? 
La invasión de plagas foráneas está descrita desde hace siglos. El mildiú que atacó la patata en Europa en la década de 1840 fue el principal causante de la que se conoce como “La gran hambruna irlandesa”, ya que un tercio de la población de esa isla dependía del cultivo de la patata. Unas décadas después, la filoxera llegó a Francia desde Estados Unidos y se extendió como una mancha de aceite y asoló los viñedos de media Europa.
A Galicia llegó desde Portugal la única arma contra la destrucción que provocó fue la replantación de las cepas con patrones americanos, resistentes a la acción de los insectos que destruían, primero las hojas y brotes y luego las raíces. Pero la globalización y la mayor movilidad de personas y mercancías que se registra desde el último cuarto de siglo ha incrementado el riesgo y el número de plagas que se mueven de uno a otro lado del planeta.
La avispa asiática
La plaga con más impacto mediático en la actualidad es la de la Vespa Velutina o avispa asiática. Originaria de China hizo su entrada en Europa en 2004, a Francia, a bordo de un barco. Ocho años más tarde, en 2012, se detectaron los primeros nidos en Galicia, en el entorno del Val Miñor, en la provincia de Pontevedra. En los seis años siguientes, este insecto depredador se expandió de manera exponencial.
Ya está presente en las cuatro provincias gallegas y hay registrados más de 21.000 nidos. Su impacto es muy relevante en la apicultura. La varroasis, la acción de pesticidas, las sequias fueron debilitando las colmenas y el nuevo depredador ha dejado al sector casi entre las cuerdas, sobre todo en las áreas más litorales y bajas de Galicia, donde su impacto se está haciendo más patente. 
La muerte el pasado mes de noviembre de un vecino de O Porriño cuando intentaba abatir un nido de estas avispas por un ataque masivo, hizo saltar todas las alertas y extremar las medidas de precaución a la hora de enfrentarse a esta plaga en una lucha en la que están comprometidas todas las administraciones públicas, desde los ayuntamientos al Ministerio de Agricultura.
La Xunta comenzó ya el reparto de trampas para cazar las reinas que aprovechan el final del frío para salir del estado de hibernación y crear nuevos nidos. El reparto se realiza fundamentalmente entre apicultores, que son los más afectados. Pero a través de su web, la Consellería de Medio Rural, también ofrece información para la fabricación casera de trampas, con botellas de plástico de refrescos o de agua, a las que se les introducen productos que atraen a las avispas, como cerveza negra, sirope de grosella, cera de abeja fermentada… y preferiblemente un repelente de abejas para evitar que sean éstas las que caigan en la trampa.
Las trampas son especialmente efectivas entre los meses de marzo y junio, periodo en el que las reinas crean sus nuevos nidos, primero uno de tránsito y al cabo de unas semanas el definitivo de más tamaño. Medio Rural recomienda no hacer uso indiscriminado de las trampas y situarlas solo en aquellos lugares donde hay o fueron abatidos nidos de la vespa velutina, porque en ellos también caen otros insectos autóctonos, un daño colateral que hay que intentar evitar.
Desde los ayuntamientos, Xunta, el Seprona y otras instituciones, se trabaja con equipos dotados de trajes especiales y pértigas con las que inyectan primero veneno en los nidos y días después los abaten. El uso de trajes especiales es necesario porque su aguijón, mucho más largo, traspasa los trajes que emplean los apicultores.
La provincia de Ourense, de momento, es la menos afectada. La mayor penetración se ha registrado en las áreas al oeste de la capital, como las comarcas de O Ribeiro, O Carballiño, Ourense, Terras de Celanova, Baixa Limia… Hay comarcas en las que todavía no se ha detectado ni un solo nido, pero el avance, según estiman los expertos, parece imparable. Tarde o temprano llegarán.
La polilla guatemalteca
Una de las plagas que mantiene en estado de alerta a los agricultores ourensanos es la Tecia solanivora, conocida como la polilla guatemalteca. Llegó a la península en barco, desde Canarias, a donde también habría llegado en barco desde el continente americano.
Es una plaga que afecta al cultivo de la patata y que en la actualidad está extendido por varios municipios de la cornisa cantábrica, especialmente en las provincias de A Coruña, Lugo y el Principado de Asturias. La rápida intervención tanto desde el Ministerio de Agricultura como de la Consellería de Medio Rural declarando el estado de cuarentena en el área territorial afectada y fijando un espacio de protección en su entorno, denominada zona tampón, para impedir que traspase a otras áreas de Galicia parece que ha conseguido controlar la situación.
No es la única plaga que afecta a las patatas en Galicia en la actualidad. En 2014 se detectó por primera vez la Epitrix spp, o pulguilla de la patata que ataca tanto a la planta como a los tubérculos. Ésta sí entró en la provincia de Ourense aunque gran parte de A Limia está libre de ella.
El picudo de las palmeras
El picudo rojo es un coleóptero, un escarabajo, que inició su periplo mundo adelante en 1992, en Asia, afectando a las palmeras dactileras y a otras especies afines y que se extendió muy pronto a Arabia, Irán, África y finalmente a Europa. La primera  alerta en España se produjo en Granada en 1995. A Galicia no llega hasta dieciocho años después, cuando se detecta la primera palmera infestada en Gondomar, en 2013.
Desde entonces ha ido dejando un panorama desolador que se ha extendido por todas las Rías Bajas y norte de Portugal, de palmeras secas y muertas, pues en la mayoría de los casos causa la muerte de los árboles en un plazo muy corto de tiempo. El parásito se extendió a través del comercio de palmeras infestadas, saltando en ocasiones de una región o de una zona a otra. En la provincia de Ourense hay casos registrados en el área de O Carballiño. Pero es Vigo y su entorno y el Bajo Miño, a uno y otro lado de la frontera, el territorio más afectado.
Son plagas que han entrado este siglo en nuestra tierra. Pero no son ni las primeras ni serán las últimas. “Hemos vivido otras, como el escarabajo de la patata, el mildiú, el oidium, desde la década de 1950. Tenemos que aprender a convivir con ellas y a intentar minimizar su impacto”, comenta Servando Álvarez, director del Instituto Agrogandeiro que el Inorde tiene en Xinzo de Limia.
Álvarez enumera algunas plagas como la del chancro y la tinta en el castaño, que avanzan inexorablemente y contra las que se lucha, al igual que se hiciera con la filoxera hace 120 años con la plantación de ejemplares resistentes.
Si la gran movilidad mundial que implica la globalización es un factor de riesgo,  las circunstancias climáticas de los últimos años se han convertido en un cooperante de su expansión: “Tenemos veranos muy cálidos y secos que facilitan la proliferación de insectos y los inviernos  suaves han perdido ese factor desinfectante que tiene el frío”, explica Álvarez.
Las plagas que afectan a cultivos de gran interés económico animan a las empresas químicas a investigar en productos para su erradicación, como sucede en aquellos que afectan a la vid, la patata, los cítricos. El problema es mayor cuando los patógenos y parásitos afectan a organismos vegetales de bajo valor económico, aunque lo tengan ambiental, porque entonces la inversión en investigación no resultaría rentable ni siquiera a largo plazo.
Desde el Ministerio de Agricultura, que es quien tiene competencias en las plagas  a través de Sanidad Vegetal y desde la Xunta ponen especial énfasis en establecer sistemas de alerta temprana para actuar de manera que un eficaz método de cuarentena impida la expansión de una plaga, eso sí, siempre que no sea como la avispa asiática, cuya movilidad por el territorio no tiene límite.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *