La helada, la sequía y el prolongado invierno diezman los colmenares

CAMPO 
La apicultura ha sido una de las actividades más castigadas por la mala climatológica



No solo la producción vegetal sufrió hace un año los efectos de la helada tardía. La apicultura ha sido una de las actividades más castigadas por la mala climatológica. El desplome de las temperaturas de hace un año castigó la floración de las plantas silvestre, principal alimento de las colmenas. A esta situación siguió un verano extremadamente seco que anuló cualquier posibilidad de recuperación de la flora. Sin néctar en los montes, la colmenas sufrieron especialmente, con una importante caída de la producción. A la helada y al verano seco se ha sumado un invierno prolongado, que no ha sido muy duro en cuanto a temperaturas, pero que se ha extendido más de los deseable para los apicultores de la provincia. El veterinario de la Asociación Leonesa de Apicultores (ALA), Miguel Alonso, explica que el prolongado invierno ha debilitado aún más las colmenas, donde ya quedaban muy pocas abejas «sanas y de calidad». La parte positiva de la situación actual está en las abundantes precipitaciones, que han permitido que el suelo cuente con reservas para afrontar el verano. Los apicultores esperan que las condiciones sean mejores en este año y que puedan recuperar de la actividad perdida en los últimos meses.

La apicultura es una actividad incipiente que cada año crece en la provincia con nuevos productores y colmenares. En los últimos ejercicios se viene observando un incremento constante de los apicultores, que encuentran en la producción de miel y otros productos apícolas una oportunidad en el medio rural leonés, especialmente en las zonas más alejadas del medio urbano, donde las producciones intensivas están menos presentes.

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